Me sucede que a veces estoy demasiado tiempo lejos de mi casa, de mis
discos, de mis libros, de mi quehacer cotidiano y eso me entristece. Pero la
hora del regreso siempre llega y entonces me contento y veo el día lindo y a la
gente cariñosa, amable y muy distinta. Me sucede, entonces, que espero la hora
del regreso con un suspiro grande que me llena el corazón de una alegría
inexplicable. Yo sé que pertenezco a todas partes pero mi centro está en algún
lugar y allí quiero volver de vez en cuando. Entonces me sucede que te llamo y
no te encuentro y me duele la vida un rato, breve, porque entiendo que no vas a
estarme esperando eternamente. Me sucede que a veces, cuando ando mucho tiempo
rodando tierras que parece no fueran las mías, me desoriento y se me pierde el
norte y no sé, entonces, si debo ir al sur o hacia otro lado pero ni siquiera
sé donde es el sur o el otro lado. Entonces me sucede que escribo en mi viejo
libro y descubro, otra vez, que vivo allí, en sus páginas amarillas llenas de
versos y de palabras que escribí alguna vez porque sucede que apenas las
escribo pasan a formar parte de un pasado que deja de existir apenas doy vuelta
la hoja. Entonces me sucede que descubro que todo sucede en el presente y que
el pasado es un sueño que ya no sirve porque hemos despertado al hoy y hoy es
cuando están ocurriendo las cosas. Me sucede, entonces, que quiero volver a
dormir para seguir soñando pero no puedo hacerlo porque hay que seguir el
viaje.