Me sucede que a veces estoy muy contento y, aunque el día esté nublado y
parezca que va a llover, pienso que tengo que salir a rodar otro montón de
kilómetros en busca de un destino que no conozco. Me sucede, entonces, que mi
yo aventurero se contenta y canto mientras me doy la ducha matinal y preparo mi
equipaje. Entonces me sucede que me gustaría compartir esta alegría con mucha
gente y me sucede que lo puedo hacer a la hora de subir al escenario a contar
mis viejos cuentos, que a veces son en versos y a veces no. Me sucede que a
veces mi soledad se va y me siento acompañado por el cielo, el viento, la
lluvia, los pájaros y el camino que ya es parte de mí mismo. Me sucede que a
veces no sé si el camino está allá afuera o si está dentro de mí como parte de
un destino viajero que, al parecer, yo elegí hace más de cuarenta años pero sé
que no es cierto y que no elegí nada. Me sucede, entonces, que entiendo que
todo venía escrito y cuando nací nacieron, también, todos mis caminos.