Me sucede que
a veces siento que ya hice todo lo que tenía que hacer y descubro que estoy en
este mundo de salida. Entonces me sucede que descubro que alguna vez tengo que
haber estado de entrada pero no me acuerdo. Mis padres me enseñaron tan bien
(por lo menos ese era su deseo) que terminaron creando a un tipo que llegó a la
universidad después de los 50 años y allí aprendió casi nada porque ya la vida
me había enseñado todo eso y más. Me sucede, entonces, que pongo atención a
todo lo que se habla de la reforma educacional tan necesaria y me sucede que me
doy cuenta que pretenden cambiar un sistema por otro y eso es todo lo que van a
cambiar. Entonces me sucede que me pongo un poco triste porque veo a los
jóvenes empujando para que las reformas se hagan realidad y hasta creen que van
a ver el asunto ya hecho. Una reforma de ese tipo toma muchos años y los
jóvenes salen a la calle a gritar consignas y tienen razón pero no se han dado
cuenta que si se llega a concretar algún cambio va a ser dentro de unos treinta
o cuarenta años y ellos ni siquiera van a estar vigentes o considerados útiles.
Me sucede, entonces, que no me queda más remedio que convencerme de que estoy
de salida y que esta salida es la entrada a otra cosa. Si no pienso así me va a
suceder algo muy desagradable y muy feo. Entonces me sucede que me pongo a
buscar algo que hacer, aparte de mis clases, de atender mi consulta y de ayudar
a la gente a que sea un poco más feliz… y siempre encuentro algo.